Recursos para padres y alumnos

Aquí puedes consultar algunos recursos seleccionados por el Dpto. de Orientación dirigido a padres y alumnos.

El ser humano es sociable y tiene tendencia a agruparse teniendo en cuenta diversos factores: sociales, culturales, etc… Para que dentro de estos grupos puedan vivir sin conflictos se necesitan unas normas de convivencia.


La mayor parte de las ocasiones, estas normas son impuestas y, sólo a veces, existe la posibilidad de consensuar o votar las normas dentro del grupo. Por ejemplo, en las comunidades de vecinos se decide cómo cambiará la presidencia cada año, en casa podemos decidir entre todos a que horas se podrá ver la televisión o cuando hay que tener ordenada la habitación.

La familia es el primer grupo de referencia y el primer grupo al que van a pertenecer nuestros hijos. Por tanto, es dentro de la familia donde deben aprenderse las primeras normas y límites que tengan como finalidad una mejor convivencia y un desarrollo personal adecuado.

Si nuestros hijos crecen en un entorno donde los límites y las normas están bien claros y definidos y son respetados por los padres, aprenden cómo deben comportarse, saben lo que se espera de ellos. También, van aprendiendo a DISCIPLINARSE a si mismos, reflexionar sobre sus comportamientos, sobre las normas y sus consecuencias. Unos límites claros unidos a una valoración positiva por nuestra parte tienen un efecto estimulador sobre la AUTOESTIMA de nuestros hijos.

Aunque un requisito muy importante para que las normas y los límites ayuden a mejorar la autoestima es que sean “conseguibles”.

Los límites y las normas proporcionan una idea de la realidad, estimulan el aprendizaje de control de impulsos, advierten sobre la existencia de peligros exteriores y nos hacen tomar conciencia sobre las propias acciones.
En definitiva, preparan y hacen crecer a nuestros hijos e hijas para el futuro. Muchos padres nos preguntamos como enseñarles las normas, como poner los límites y, sobretodo, que hacer en el caso en que se incumplan.

Es importante que los padres, antes, hablemos y decidamos las reglas que queremos poner, así, en la medida de lo posible, las normas que se les exigirán a nuestros hijos serán las mismas. Esto es esencial para los temas importantes, pero en los temas más leves, se puede tener criterios distintos, siempre que no nos llevemos la contraria delante de los hijos.

A la hora de poner límites a los hijos hay que tener en cuenta algunos aspectos básicos y prácticos. Son los siguientes:

  • Poner las normas concretas y claras. Es habitual decirles “pórtate bien" o “se ordenado". La mayor parte de las veces estas normas contienen muchas exigencias, o una pero expresada con mucha imprecisión. Se entendería mejor si dijeras: “no se juega con el pan cuando estás comiendo” o “recoge la ropa cuando te cambies” De esta manera, le das la oportunidad de hacer exactamente lo que se le pide, y se le pide nada más que una conducta cada vez. Darles la opción de elegir. Cada vez que tu hijo elige, se compromete con la opción elegida. Es más fácil para aceptar una norma u orden. De alguna manera, les hace sentir el poder de ser dueños de si mismos. Por ejemplo, “es la hora de merendar, ¿prefieres bocadillo de queso o de chorizo?”
  • Intentar poner los límites con respeto, pero con firmeza. Hay que actuar con coherencia, mirada seria, voz firme, intentando no gritar (“No se tira el tenedor al suelo” o “apaga la televisión y vete a tu cuarto”)
  • Las órdenes hay que formularlas, siempre que sea posible, en positivo. Es muy distinto decirles “no te peinas nunca” que “péinate”. Es mejor decirles a nuestros hijos, y mucho más educativo, lo que tiene que hacer, en vez de lo que no tienen que hacer (“habla bajo” en vez de “no grites”)
  • En el momento de recordar una norma, a veces, es mejor formularla de forma impersonal. Concretamente si prevés que habrá conflicto. Cuándo les dices "ven a cenar", se está creando una lucha de poder, si ese día tu hijo está enfadado contigo. Sería estratégicamente más positivo decir, “Son las 8:30, hora de cenar”
  • Es importante explicar el porqué de una norma, pero tampoco hay que exagerar. Nos podemos ver explicando cada vez la norma, y es una tomadura de pelo. Hay que evitar las explicaciones largas. Por ejemplo, “no le pegues a esa niña porque le harás daño” o “si rompes los juguetes de otros niños, no querrán jugar contigo".
  • Ser constantes. Las rutinas y normas en la familia deben ser consistentes todos los días. No se deben cambiar.
  • Cuando se critica o desaprueba nos referiremos al comportamiento, y no a los hijos. Por lo tanto se sustituiría el “eres malo” por “no hay que decir mentiras”.
  • En la medida de lo posible, tenemos que controlarnos a nivel emocional. Estando más enfadados, gritamos más, y los castigos suelen ser exagerados. Los niños aprenden de la experiencia. Si su mal comportamiento tiene consecuencias, aprenden a ser los responsables de sus acciones, que su conducta, ya sea mala o buena, trae consigo una serie de consecuencias y que pueden modificar dichas consecuencias modificando su comportamiento. Si se pelean por ver un determinado programa de televisión, apaga la tele. Si tiran el vaso de agua en la mesa porque están jugando con sus juguetes en ella en vez de comer, haz que limpien lo que han manchado. Otra consecuencia que puede ser útil consiste en suspender o eliminar algún privilegio. Por ejemplo, si tu hijo usa la videoconsola más tiempo del acordado, retírasela unos días. Si no hace la tarea de poner la mesa, no lo dejes comer algo especial. Tendría que resultar innecesario decir que no debemos recurrir al castigo físico como manera de limitar una conducta no deseada. Tenemos muchos recursos a nuestro alcance, para usar o para aprender. El primero y más importante es escuchar, comprender e ir conociendo a nuestros hijos, buscar el momento y el lugar apropiado para la resolución del conflicto y, controlando nuestras emociones, dialogar. Háblales tal y como te gustaría que te hablasen a ti si alguien te regañara o llamara la atención. No les insultes, grites o desprecies. Diles las cosas con respeto, tal y como desearías que te lo dijeran a ti.
  • Date cuenta que el mejor modelo eres tú. Si en casa te llaman por teléfono y le dices a tu hija que conteste que no estás, eso marca una conducta incompatible con el consejo: “no hay que decir mentiras”
  • Ten confianza en que tu hijo/hija va a hacer lo adecuado y ten en cuenta su edad y nivel de desarrollo.
  • Es muy positivo que le dejes a tu hijo negociar contigo. Conseguirás que sea habilidoso comunicándose. Por lo tanto, intenta ser flexible cuando puedas serlo.
  • Si hacen algo incorrecto, déjales que se enfrenten a las consecuencias lógicas, si tiran algo al suelo, que lo recojan, si amontonan la ropa sucia, que se queden sin ropa limpia.


Sin hacen algo incorrecto las consecuencias deben tener en cuenta la situación y la edad de tu hijo y ser justas.

Es importante tener claro que los niños no tienen porque tener las mismas normas en la casa que los padres y las madres.
Hay muchas que son comunes, y que tenemos que cumplir igual que ellos y ellas, pero hay otras que son distintas, debido a la diferencia de edad y de responsabilidad. Por ejemplo, es distinta la hora de irse a dormir.
Cuando se han establecido las normas, hay de explicarles que incumplirlas les traerá consecuencias. Habrá que decirles: "Estas son las normas. Si se rompe esta norma sucederá lo siguiente:..."

EN RESUMEN:
Los padres y madres tenemos que poner las normas que consideremos justas, cumplirlas, exigir que se cumplan, actuar con seguridad y firmeza, desde el cariño que les tenemos, no olvidando nunca que somos el modelo a imitar y que nuestras faltas de coherencia serán imitadas inmediatamente; y tener en cuenta que la valoración positiva y el respeto son una meta y una guía.
Resulta muy práctico que les escuchemos, razonando con ellos y teniendo en cuenta sus puntos de vista, siempre que podamos, y aunque no estemos de acuerdo con ellos.
En todo caso, se debe ver la disciplina como un modo de educar, una manera de favorecer el crecimiento personal de nuestros hijos e hijas y, no como una manera de que hagan lo que nosotros queramos o de castigarles.

"CARTA DE UN HIJO A TODOS LOS PADRES DEL MUNDO"

  • No me grites

Te respeto menos cuando lo haces. Y me enseñas a gritar a mí también y yo no quiero hacerlo.

  • Trátame con amabilidad y cordialidad igual que a tus amigos

Que seamos familia, no significa que no podamos ser amigos.

  • Si hago algo malo, no me preguntes por qué lo hice

A veces, ni yo mismo lo sé.

  • No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti (aunque sea para sacarte de un apuro).

Haces que pierda la fe en lo que dices y me siento mal.

  • Cuando te equivoques en algo, admítelo

Mejorará mi opinión de ti y me enseñarás a admitir también mis errores.

  • No me compares con nadie, especialmente con mis hermanos

Si me haces parecer mejor que los demás, alguien va a sufrir (y si me haces parecer peor, seré yo quién sufra).

  • Déjame valerme por mí mismo

Si tú lo haces todo por mí, yo no podré aprender.

  • No me des siempre órdenes

Si en vez de ordenarme hacer algo, me lo pidieras, lo haría más rápido y más a gusto.

  • No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer

Decide y mantén esa posición.

  • Cumple las promesas, buenas o malas

Si me prometes un premio, dámelo, pero también si es un castigo.

  • Trata de comprenderme y ayudarme

Cuando te cuente un problema no me digas: "eso no tiene importancia..." porque para mí sí la tiene.

  • No me digas que haga algo que tú no haces

Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no me lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

  • No me des todo lo que te pido

A veces, sólo pido para ver cuánto puedo recibir.

  • Quiéreme y dímelo

A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo. 

                                                                            
ANÓNIMO

 

ACTUACIONES CONCRETAS QUE AYUDAN A TENER  AUTORIDAD.

  • TENER OBJETIVOS CLAROS. 

Estos objetivos han de ser pocos, formulados y compartidos por la pareja, de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen. Requieren tiempo de comentar, incluso a veces papel y lápiz para precisarlos y no olvidarlos.

  • ENSEÑAR CON CLARIDAD COSAS CONCRETAS.

Al niño no le vale decir “se bueno”, o “come bien”, esas cosas generales no le dicen nada. Lo que si vale es darle con cariño instrucciones concretas de cómo se coge el tenedor, la cuchara...

  • CONCEDER UN TIEMPO AL APRENDIZAJE.

Una vez que hemos dado instrucciones concretas y claras, las primeras veces que se ponen en práctica necesitan atención y apoyo mediante ayudas verbales o físicas. Son cosas nuevas para él que requieren tiempo y ayuda guiada.

  • VALORAR SIEMPRE SUS ESFUERZOS E INTENTOS POR MEJORAR.

Resaltar lo que hace bien y a veces pasar por alto su mal comportamiento. Al niño, como al adulto le encanta tener éxito y que se lo reconozcan....

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